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CASTANEDA: LA AVENTURA DE LA LIBERTAD
Mas Alla - No. 71 - Enero de 1995 - Paginas 20-29
Si uno toma lo que dice don Juan como una mentira, una farsa más de las tantas que existen, el perdedor es uno mismo, ya que al tomarlo así uno afirma la inviolabilidad del sistema interpretativo del mundo cotidiano y todo ese sistema ya está completo. Lo único que queda entonces para nosotros es envejecer y entrar en la senilidad. Y si todo lo que nos espera antes de la muerte es la senilidad, entonces el orden social nos mintió al hacernos creer que nuestras opciones en el mundo diario eran múltiples y extraordinarias.” Así se expresa Carlos Castaneda cuando ya han pasado más de treinta años desde que su vida se cruzara con la del inigualable brujo yaqui Juan Matus. Carlos Castaneda nunca fue ya el mismo después de aquel decisivo encuentro, como tampoco lo fueron los miles y miles de seguidores a los que el antropólogo ayudó a definir un nuevo concepto de la realidad. Este mes MÁS ALLÁ se complace en ofrecer en exclusiva mundial a sus lectores un documento excepcional: las declaraciones más recientes -y sorprendentes, del más escurridizo de los personajes, quien emerge de entre una cortina de rumores. Puesto que todos estamos inmersos en una interpretación compartida del mundo, la propuesta de Castaneda de percibir sin tales interpretaciones, de ser testigos sin juicios y sin prejuicios, de romper nuestras rutinas, incluso las rutinas perceptuales, sea posiblemente lo más cercano a la libertad. Y, ante semejante invitación, las preguntas sobre si en verdad existió o no don Juan, si su aprendiz inventó o no sus experiencias mágicas, si voló como los cuervos o saltó a los abismos, se tornan más que irrelevantes y nunca obtendrán, además, una respuesta que satisfaga a todos. Habremos de admitir, en cualquier caso, que romper el acuerdo previo sobre la naturaleza del mundo (a lo que también nos obligan, cada vez más, los últimos descubrimientos de la vanguardia científica) y las posibilidades humanas es tan atractivo intelectualmente como difícil de llevar a la práctica. Si es cierto -como en su día dijo don Juan y hoy sigue afirmando Castaneda- que tenemos la posibilidad de viajar a lo desconocido, el relato de los brujos cuyo linaje ahora termina merece ser considerado con atención. Don Juan, el brujo que nos enseñó los entresijos del camino con corazón, lo llama evolución premeditada. Un buen nombre para una aventura definitiva.
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Entrevista a Carlos Castaneda
NAVEGANDO EN LO DESCONOCIDO
Su maestro, el indio yaqui don Juan Matus, conquistó los corazones de millones de personas en todo el mundo, y toda una generación quedó marcada por los libros de Carlos Castaneda. Salvo esporádicas apariciones, durante años el heredero de don Juan ha permanecido inaccesible. Hoy Carlos Castaneda cruza la niebla que lo envuelve y en una entrevista, rigurosa exclusiva para MAS ALLA, rompe su silencio para plantearnos la aventura del brujo que ha percibido lo inconcebible. Sus viajes por lo desconocido nos han devuelto a un Castaneda contundente que sigue retando nuestra imaginación y nos propone, como en su día lo hizo don Juan, una revolución total a la que llama libertad.
Han pasado más de tres décadas desde que Carlos Castaneda emprendiera la gran aventura del conocimiento bajo la tutela de esa figura magistral que respondía al nombre de Juan Matus, inolvidable personaje y presencia formidable y constante para las decenas de miles de lectores en todo el mundo que, durante años, se deleitaron con los relatos y peripecias vitales del antropólogo convertido en aprendiz de brujo.
Desde que en 1968 apareciera el primer libro de la saga, la acogida y el impacto de su obra fueron calificados de verdadero fenómeno editorial. Unos vieron en Castaneda al mayor genio literario y espiritual de las últimas generaciones; para otros, se trataba de una forma nueva y revolucionaria de hacer antropología; los hay que creían en don Juan como personaje absolutamente real, y los hay también que aseguraban estábamos ante una ficción literaria inteligentemente concebida. Cientos de artículos se escribieron sobre el “fenómeno Castaneda", que dividió a las mayores autoridades en antropología del momento; multitud de libros y ensayos, las más variadas interpretaciones sobre el contenido de sus libros, biografías apócrifas y todo un universo de rumores: Castaneda ha muerto, es un viejecito venerable, nunca existió, se ha suicidado, ha desaparecido, se ha vuelto loco…
Ajeno a la polémica, ajeno incluso a aquellos que se atrevieron a suplantar su personalidad o se enriquecían presentándose como discípulos suyos, el escritor ya convertido en brujo nunca respondió a las críticas, como si ninguna de ellas pudiera afectarle. Salvo las escasísimas entrevistas (casi todas ellas a revistas norteamericanas) concedidas durante todo este tiempo, siguió con meticulosidad las indicaciones de don Juan y borró por completo su historia personal, tejió a su alrededor una bruma inexpugnable y se convirtió, seguramente sin pretenderlo, en una figura casi legendaria. No obstante, en sus esporádicas declaraciones, Castaneda seguía insistiendo en que la idea de que hubiera inventado a don Juan resultaba por entero inconcebible, y que él era tan sólo "un informante de técnicas muy antiguas". Su desaparición de la escena pública respondía, en cualquier caso, a una estrategia muy pensada: adquirir completa libertad para colarse en todos los mundos posibles, para percibir sin prejuicios y exprimir al máximo las posibilidades de la naturaleza humana, libertad para no quedar atrapado en las descripciones de la realidad, cualesquiera que éstas fueran. “Después de conocerle -afirmó, hace ahora nueve años, la escritora Graciela Corvalán tras haber mantenido con él varios encuentros-, sus libros se hacen creíbles."
Un nuevo libro, El Arte de Ensoñar (ed. Seix Barral), aparecido recientemente en España, ha confirmado a sus muchos seguidores que Castaneda sigue vivo y se mantiene fiel a su trayectoria, tratando de desentrañar la vastedad del misterio que don Juan le legó. Pero hay otras novedades: dos mujeres, Florinda Donner-Grau (Ser en el Ensueño, ed. emecé) y Taisha Abelar (Donde cruzan los brujos, ed. Gaia), también estudiantes de don Juan, rompen ahora su anonimato y cuentan en sendas obras su particular aprendizaje con el grupo de brujos liderados por Juan Matus. Su enfoque, distinto pero complementario al del propio Castaneda, coincide plenamente con éste en sus postulados fundamentales: el consenso social determina y limita, generalmente de por vida, nuestra percepción de la realidad, pero tenemos la posibilidad de penetrar en otros mundos tan reales como éste si conseguimos acumular la suficiente energía para tamaña empresa; hay mucho, mucho más por atestiguar de lo que nos habían dicho que era posible, si aceptamos la revolucionaria propuesta de un cambio personal total que rompa el acuerdo previo sobre lo que somos.
La que sigue es sólo una de las muchas posibles entrevistas que podrían hacerse a alguien tan escurridizo y multifacético como Carlos Castaneda (el escritor sigue exigiendo que no haya fotografías ni magnetofonos que registren su voz). No ha sido nuestra intención volver a las viejas controversias que nada aportan sobre el contenido esencial de su propuesta, sino tratar de aclarar, en la medida de lo posible, algunas de las dudas más comunes en todas esas personas para las que los libros de Castaneda han supuesto un hito en sus vidas, e incluso han tratado de llevar a la práctica, con mejor o peor suerte, sus sugerencias. Que sepamos, es esta la primera ocasión en que Carlos Castaneda se manifiesta públicamente con semejante rotundidad frente al espinoso tema de todos aquellos que han "adoptado” sus conocimientos y hoy dan cursos y seminarios sobre “el camino del guerrero”, al tiempo que nos proporciona nuevas pistas sobre su actual posición como brujo y nagual, sus aspiraciones, dudas y temores, incluso sobre el destino que corrió el irrepetible maestro y su grupo de “navegantes de lo desconocido".
“Aprenderás a pesar tuyo, esa es la regla", le dijo don Juan al comienzo de su asociación. En cierta ocasión el aprendiz describió al maestro como alguien que vivía por completo en un tiempo mágico, y que sólo de vez en cuando se instalaba en el tiempo ordinario. Posiblemente esa sea hoy la posición del autor, abandonando por unos momentos su tiempo mágico para tratar de hacernos entender e invitarnos a un viaje por lo indescriptible. Castaneda dejó que las palabras de don Juan hablaran por sí solas y nosotros hacemos lo mismo con las suyas. Y el Castaneda que hoy habla parece estar al final del camino. Más allá espera el misterio.
-En sus libros, usted ha explicado que cada nagual aporta nuevas características a su linaje. ¿Cuáles son esas nuevas características en su caso? ¿Difiere de alguna manera su propio camino y propósito al trazado por su maestro don Juan?
En primer lugar, quisiera dejar claro que el término linaje, aunque yo lo he usado extensamente, no es del todo adecuado. En realidad, en el mundo de los brujos como don Juan no existe el linaje como nosotros lo entendemos: una ascendencia o descendencia. En ese mundo existe solamente un agregado de personas que tienen una meta o interés en común, existen participantes, practicantes del sistema de conocimiento que don Juan trató de promulgar entre nosotros. El gerente o dirigente de tales practicantes es conocido como el nagual, un ser cuya energía la permite entrar en áreas vedadas a la percepción cotidiana. Cada nuevo nagual aporta características personales con las que influencia a los practicantes de su tiempo. En mi caso, mi contribución personal radica en mi interés académico en las ciencias sociales; la meta final de este interés es el deseo de que el campo filosófico del hombre occidental se expanda al mundo de los brujos. Y en este punto es donde difieren el camino de don Juan y el mío. A él no le interesaba conceptualizar su conocimiento. Si yo lo forzaba a ello, él lo explicaba todo con una claridad y precisión únicas, pero explicar no era su inclinación. El actuaba sin molestarse en entender nada, y decía que o se pierde el tiempo en vericuetos intelectuales, o se actúa. Yo soy diferente, quiero entender los procesos de la brujería de don Juan, pero no de una manera intelectual, sino energética. Con ello quiero decir que creo que es posible hundirse en los vericuetos energéticos del universo sin transformar a esto en un proceso cerebral.
-¿Qué implica y qué significa para usted la condición de ser el nuevo nagual?
Significa estar nominalmente a la cabeza de una serie de practicantes de las enseñanzas de don Juan. En un nivel abstracto, ello implica que el nuevo nagual es responsable de las maniobras de percepción de cada uno de estos practicantes. Puesto que todos ellos están involucrados en seguir los pasos de don Juan, el nagual tiene que hacer uso de su esfuerzo y disciplina personales a fin de guiarlos a través de los flujos energéticos del universo, y el nagual debe poseer el balance y la cordura necesarios para enfrentar tal tarea.
EL MUNDO DEL NAGUAL
-¿Cómo podría describirnos el mundo del actual nagual?
Es el mundo de los brujos al que don Juan nos introdujo. No se le puede catalogar como un mundo aparte del cotidiano, sino más bien como algo diferente, como un estado de ser. Es un mundo en el que, por ejemplo, dar la palabra es un acto final que no puede cancelarse. Una promesa de tal naturaleza es como un documento legal sin cambio posible. En otro aspecto más abstracto, el mundo del nagual es un mundo donde se perciben cosas inusitadas. Don Juan explicaba la incidencia de percepciones inusitadas diciendo que el requisito primario, para el hombre en general, es llegar al silencio total. Para el diálogo interno, decía él, es la entrada al estado de ser de los brujos, la entrada a un mundo donde percepciones inconcebibles son materia cotidiana.
-No parece algo sencillo de lograr…
La manera como don Juan logró silenciar el diálogo interno de sus discípulos fue forzando en ellos el silencio de segundo en segundo. Podríamos decir que el silencio se aglutina segundo a segundo, hasta llegar a un punto límite e individual que existe en cada uno de nosotros. El mío fue de quince minutos; al llegar a él, por acumulación de silencio, el mundo de todos los días se transformó y llegué a percibirlo de una manera indescriptible. Para lograrlo, la única práctica aconsejable y posible es el esfuerzo, el deseo intenso de conseguirlo, dando un pasito tras otro. Lo que no es de ningún modo admisible es que nadie nos enseñe cómo dar esos pasitos, o nos lleve de la mano proporcionándonos instrucción a cada momento. Don Juan decía que lo único esencial es la decisión personal de cada uno de nosotros de llegar al silencio.
-¿Y quiénes forman el mundo del nagual en la actualidad?
Los discípulos de don Juan: Carol Tiggs, Taisha Abelar y Florinda Donner-Grau. Hubo otros discípulos indios; sin embargo, solamente ellas llegaron a sostener ese requerido estado de silencio total. Sé que en Estados Unidos y en Latinoamérica varias personas se declaran a sí mismas discípulos de don Juan o nuestros, pero lo cierto es que nosotros no tenemos estudiantes, nunca los hemos tenido, y no por falta de deseo o interés por nuestra parte, sino porque nadie se atreve a emprender y desarrollar el cambio de hábitos y raciocinios y la disciplina que se necesitan para llegar al mundo de los brujos. El mundo de los brujos no es una ficción ni una idealización. Es un estado de cambios, maniobras, hechos radicales. Don Juan se definía a sí mismo no como un brujo ni como un hombre espiritual, sino como un navegante en el inconcebible mar de lo desconocido. Para navegar en ese mar, decía él, se necesita disciplina, cordura y agallas de acero.
UNA OPORTUNIDAD PARA TODOS
“Nosotros no tenemos estudiantes porque nadie se atreve a emprender el cambio de hábitos y la disciplina necesaria para llegar al mundo de los brujos.”
-Usted presenta el acceso a la brujería como una cuestión de haber acumulado suficiente energía, pero no todas las personas parecen nacer igualmente dotadas a este respecto. ¿En verdad existe una oportunidad para todos?
Efectivamente el acceso al mundo de don Juan Matus es cuestión de poseer la suficiente energía, y está en lo cierto al decir que no todos los seres humanos parecen nacer igualmente dotados. Yo añadiría que, a mi parecer, nadie nace dotado con la suficiente energía. Esto reduce el problema a un común denominador: puesto que nadie tiene la suficiente energía, todos nosotros tenemos una oportunidad casi igual. Ciertamente hay personas que nacen con muchísima más energía que otras, pero esto es sólo para vérselas con los quehaceres cotidianos. Tal cantidad de energía no tiene ninguna ventaja para el acceso al mundo de los brujos. Allí entran quienes reúnen una calidad especial de energía, producto de una disciplina y propósito férreos.
-¿Acaso es posible afrontar el mundo cotidiano sin perder energia?
Los brujos como don Juan afirman que sí, dicen que los eventos del mundo cotidiano son desastrosos para nosotros solamente si se filtran a través de la importancia personal. Somos tan egocéntricos y nos creemos tan importantes que el menor contratiempo nos abruma. Gastamos tanta energía en la presentación y la defensa del yo en el mundo diario, que no nos queda nada para afrontar cualquier contradicción. Ese desgaste total es, al parecer, algo inevitable, puesto que nos mantenemos exclusivamente en el carril trazado por nuestra socialización. Si nos atreviéramos a cambiar de carril, a cambiar de modo de ser, con sólo suprimir el embate de la importancia personal habríamos conseguido algo inaudito: anular el desgaste diario de energía y entrar en condiciones energéticas que nos permitirían percibir muchísimo más de lo que creemos posible.
-¿Es posible lograr eso sin el empujón de un nagual?
La propuesta de don Juan es asequible para todo aquel que alcance el silencio total. Silenciar el diálogo interno es una proposición final, que se puede llevar a cabo a través de cualquier medio. La presencia de un maestro o un guía no es superflua, pero tampoco es absolutamente imprescindible. Lo que sí es imprescindible es el esfuerzo diario de acumular silencio. Don Juan decía que llegar al silencio total equivale a “parar el mundo”. Ese es el momento en el que uno ve el flujo de la energía en el universo que nos rodea.
ENSUEÑO Y RECAPITULACIÓN
-En sus libros, utiliza el concepto de águila que devora conciencias a la hora de nuestra muerte, y también habla del espíritu. ¿Acaso son términos equivalentes; es de alguna manera lo que usted llama águila equiparable al espíritu?
Su pregunta es intelectualmente muy real, pero al mismo tiempo absurda. No podría responderle porque yo, personalmente, no sé lo que es el águila que devora conciencias, ni sé lo que es el espíritu. Los dos son términos operativos que intentan describir algo inefable, inaudito, que no se puede describir. Cada vez que yo le proponía a don Juan preguntas que no tenían respuesta, él me cantaba una canción: “Pregúntale a las estrellas que por la noche me ven llorar”.
-¿Qué relación existe entre lo que ustedes denominan ensueño y lo que otros autores han llamado "sueño lúcido"?
No existe ninguna relación. El ensueño es una maniobra de brujos que, con su disciplina férrea, transforman los sueños ordinarios, sean lúcidos o vagos, en algo trascendental. Yo no conozco a nadie, en el mundo normal de todos los días, que posea la disciplina necesaria para llevar a cabo esta transformación. Los sueños lúcidos son sueños muy vividos, pero no se pueden utilizar como compuerta energética para llevar a nuestra conciencia de ser a otros mundos tan reales y contundentes como el mundo de los quehaceres cotidianos.
-En numerosas ocasiones ha recalcado la importancia de la recapitulación, y muchas personas inspiradas por lo que usted dice han tratado de practicarla. ¿Podría comentar la metodología y los resultados concretos de este ejercicio?
La recapitulación era para don Juan el método imprescindible para emprender el camino hacia la libertad; no es una técnica para recuperar energía, sino una maniobra congruente con la visión de los brujos. Ellos consideran que el hecho de que tengamos conciencia de ser es un estado universal. Una fuerza descomunal presta conciencia de ser a los recién nacidos, ya se trate de virus, amebas o seres humanos. Al final de la vida, esa misma fuerza descomunal les quita a cada uno de esos seres la conciencia de ser prestada, que ha sido engrandecida por sus vivencias individuales. La recapitulación, para los brujos, es la manera de devolver a esa fuerza descomunal lo que nos prestó en el momento de nacer. Lo que es totalmente inaudito, decía don Juan, es que esa fuerza se contente con la recapitulación. Puesto que lo único que quiere de nosotros es la conciencia de ser, al dársela en forma de recapitulación, no nos quita la vida al final, sino que nos deja pasar con ella hacia la libertad. Esta es la interpretación teoretica que los brujos hacen de la recapitulación. La metodología para llevarla a cabo es muy simple. Primero, uno hace una lista de todas las personas con las que ha mantenido tratos, desde el presente hasta, probablemente, el momento de nacer. El asunto es revivir cada vivencia con cada una de las personas en la lista, no simplemente recordándolas, sino reviviéndolas de nuevo. A esto se le añade una respiración rítmica muy lenta, de derecha a izquierda y exhalando en el centro, a la que llaman el abanico, porque abanica las memorias. La creencia de los brujos es que al revivir todas nuestras experiencias uno se las da a la fuerza descomunal que nos destruye. Ya que esta maniobra no tiene nada que ver con ejercicios psicológicos como el psicoanálisis, revivir las experiencias vividas implica hacer uso de energía que ya se gastó.
“Los Brujos consideran que una Fuerza descomunal nos presta la conciencia de ser y al final de la vida nos la quita. Después de haber sido engrandecida por las experiencias individuales. La recapitulación es la forma de devolver a esa Fuerza lo que nos prestó para que nos deje pasar a la libertad.”
-¿Y cómo saber si la recapitulación está siendo correctamente realizada?
Sus resultados incidentales, pero concretos, son un aumento de energía y un estado de bienestar. La presencia de estas dos sensaciones son como un índice de que la recapitulación se está efectuando de una manera efectiva.
UN ROMANCE CON EL CONOCIMIENTO
-Especialmente en su último libro, El Arte del Ensueño (ed. Seix Barral), describe lo que usted llama la Segunda Atención como un mundo feroz plagado de peligros y trampas, nada que ver con los relatos de un mundo plácido y feliz del que nos hablan otras tradiciones. ¿A qué se deben estas diferencias; por qué los conocimientos de su linaje difieren tan sustancialmente de otras fuentes?
Lo que los brujos llaman Segunda Atención es realmente un mundo plagado de peligros y trampas, pero tales peligros y trampas no son ni más ni menos que los de nuestro mundo. Y ciertamente la Segunda Atención no tiene nada que ver con un universo plácido y feliz. Don Juan explicaba esta discrepancia diciendo que el mundo de los brujos es un mundo vivo, concreto y real, al que se puede entrar de una manera total. Decía también que el mundo de los místicos es un mundo producto de vislumbres de lo desconocido, un mundo muerto, imaginario, que no tiene nada que ver con la realidad de la lucha y el incesante cambio de un mundo vivo y real. Como ya comenté antes, don Juan consideraba a los brujos como navegantes en el mar de lo desconocido. Yo, al principio, creí que era una metáfora poética, pero luego me di cuenta de que era una descripción fenomenológica de un estado de ser. Don Juan decía que no es posible que el hombre occidental sea tan simplista como para creer en las “complacencias” místicas de quienes nunca han navegado en lo desconocido deliberadamente y con plena premeditación.
-Recientemente, Florinda Donner-Grau y Taisha Abelar han publicado libros sobre su propio entrenamiento con don Juan. ¿Existe algún motivo por el que ellas hayan decidido romper su silencio?
Ambas decidieron escribir sobre sus experiencias en el camino del guerrero después del regreso de Carol Tiggs, quien estuvo ausente durante diez años. El hecho de que volviera con nosotros causó un cambio total en la perspectiva trazada por don Juan, y nuestro aislamiento, impuesto por don Juan, se transformó en lo opuesto. Debido a este cambio, las tres discípulas de don Juan: Florinda Donner, Taisha Abelar y Carol Tiggs, adquirieron una exhorbitante importancia dentro de los parámetros del mundo de los brujos. Por virtud de su propia impecabilidad, se convirtieron en las genuinas representantes de él. Ellas mismas se plantearon la opción de escribir acerca de su aprendizaje, algo que yo encuentro extraordinariamente apropiado ya que nadie más que ellas podrían dar cuenta cabal de la complejidad de don Juan como un colosal maestro.
-¿Qué ocurrió entonces con el resto de los aprendices con los que nos familiarizamos en sus libros? ¿Continúa de alguna manera vinculado a ellos?
Ya no están con nosotros por una razón muy simple: no pueden satisfacer mis exigencias académicas. Era imprescindible que los aprendices se adaptaran al temperamento del nuevo nagual, que en mi caso es el de vivir un romance con el conocimiento. Los otros aprendices pretendían que yo fuera como ellos, meramente un practicante del conocimiento de don Juan. Tal cosa no es posible, tenía que ser a la inversa, como lo dicta la tradición; así que yo no los abandoné, fueron ellos los que me abandonaron. Ahora, su esperanza radica en que en el momento definitivo don Juan pueda ayudarlos. Una vez que Florinda Donner-Grau y Taisha Abelar escribieron sus libros, nuestra relación con los otros aprendices terminó porque, al escribir, ambas reafirmaron su relación con el intelecto y, por lo tanto, con el nuevo nagual.
“Don Juan decía que el mundo de los místicos es producto de vislumbres de lo desconocido, muerto e imaginario, mientras que el de los brujos es un mundo vivo y real al que se puede entrar de manera total.”
LA MUERTE ALTERNATIVA: ¿DÓNDE ESTÁ DON JUAN?
-Háblenos de esa muerte alternativa de los brujos. ¿Debe ser entendida como una metáfora o como un hecho real? ¿Aspira usted y su grupo a alcanzarla?
Permítame aclarar que no formamos un grupo. Cada uno de nosotros, estudiantes del conocimiento de don Juan, es un individuo aislado. Lo que nos aúna es el propósito de la libertad, pero no lo suficiente como para hacernos un grupo cohesivo. Consumirse en el fuego interno es una alternativa a la muerte física; no es una metáfora, es un hecho real aunque incomprensible. Don Juan explicaba el fuego interno como una condición de tensión energética creada por el hecho de adherirse a seguir las premisas del camino del guerrero. Esta tensión física causa una explosión energética en el debido momento, una explosión que transforma a cada célula del ser viviente en conciencia de ser, es decir, en pura energía. Por supuesto que todos nosotros, sus estudiantes, aspiramos a alcanzar este estado final. Don Juan lo llamaba la libertad total porque, para él, este estado implicaba la percepción del universo que nos rodea libre de interpretaciones basadas en nuestra socialización y lenguaje.
-Don Juan deseaba la libertad. ¿Logró finalmente su propósito?
Don Juan afirmaba que morir como mueren los brujos es llevar la conciencia de ser a un plano incomprensible para la mente lineal. Morir consumido por el fuego interno equivale a transformar todo nuestro ser fisico en conciencia de ser. Don Juan murió así, y al hacerlo logró lo que los brujos llaman la libertad total. La conciencia de ser, acrecentada por el aporte de nuestra parte física, alcanza niveles indescriptibles. La libertad para los brujos es la libertad de percibir como seres totales y no como hombres: simios encadenados por la socialización y el lenguaje.
-¿Y dónde fue don Juan, si es que es posible describirlo de algún modo?
Carol Tiggs y Florinda Donner-Grau aseguran tener una relación de conocimiento con don Juan; ellas han aportado la idea de que él y el resto de los brujos que lo acompañan han quedado atrapados en uno de los estados del mundo, algo que los brujos llaman “las capas de la cebolla”. Afirman que don Juan no pudo escapar del universo gemelo al nuestro, el universo de los seres inorgánicos, debido a que si bien él era un hombre abstracto, su grupo estaba formado por practicantes muy concretos. Dicen que si el grado de abstracción de estos practicantes hubiera sido mayor, el salto de la conciencia de ser de todos ellos hubiera tenido un alcance mucho más grande. Acaso la conciencia de ser de don Juan esté atascada en un lugar al que él no deseaba llegar, un estado que no es apropiado a su temperamento. Sea como fuere, un nagual es capaz de modificar las situaciones en función de múltiples circunstancias. Personalmente creo que lo único que existe para un nagual es la lucha. Un nagual concibe que donde está es precisamente donde debe estar, y desde ahí prosigue.
EL FINAL DE UN LINAJE
-En más de una ocasión ha afirmado que son los últimos, que con ustedes termina su linaje. ¿Significa eso que el legado de don Juan se perderá para siempre?
En efecto, con nosotros se acaba el linaje de don Juan. Pero el deseo de don Juan es que yo transformara esta situación negativa en algo muy positivo, al lograr que la idea de la libertad estuviera al alcance de todos. Si tal cosa fuera posible su linaje no terminaría; por el contrario, se dispersaría hasta alcanzar a una enorme muchedumbre. Mi deseo de que esto suceda es intenso, y mi intento impecable. Sólo puedo decir que lo espero desesperadamente, pero que todo queda en manos del espíritu y de nuestra propia impecabilidad. Es cierto que algo nos aguijonea para que terminemos como don Juan, consumidos por el fuego interno. No deseamos oponer resistencia, sino proponer un argumento de suficiente valor para poder continuar nuestra labor y disponer del tiempo que necesitamos.
-Mientras tanto, proliferan las personas que dan cursos sobre su sistema de conocimiento, utilizan sus conceptos y llevan a cabo una "adaptación libre” de las enseñanzas de don Juan. ¿Cuál es su opinión al respecto?
No creo que sea posible enseñar o impartir clases sobre el conocimiento de don Juan. Durante años he dado muchísimas conferencias acerca de mi aprendizaje con él, pero parece que lo único que logré es proporcionar vocabulario a una serie de personas que han ganado reconocimiento gracias a ello. Lo que don Juan propone lleva a hechos palpables, que requieren gran cuidado y dedicación. Lo injusto de esos cursos apócrifos es que realmente hay mucha gente interesada en el conocimiento de don Juan, y es lamentable que hayan surgido quienes se aprovechen cínicamente de esa situación; cobran dinero, pero no pueden enseñar nada. Es terriblemente obvio que en el fondo subyace tan sólo el interés económico. Lo cierto es que nadie que asista a esos cursos podrá nunca sacar nada de ellos. Ninguno de nosotros, los discípulos de don Juan, puede enseñar como él enseñaba porque no tenemos el comando para hacer tal cosa. Por eso la pregunta que surge en mi mente es, ¿cómo podrían hacerlo personas que ni se dan cuenta de lo que hacía don Juan?
LOS MISTERIOS DE LA PERCEPCIÓN
-Junto al ensueño, el acecho es otra de las premisas esenciales que aparecen en su obra y que también ha sufrido las más diversas interpretaciones. ¿Qué es lo que significa exactamente acechar?
Don Juan llamaba acechar al acto de desplazar el punto de encaje y mantenerlo fijo allí donde se desplazó. El punto de encaje es un concepto de los brujos, quienes mantienen que la percepción de los seres humanos se efectúa en un punto invisible para el ojo normal, un punto localizado a la altura de los omóplatos, pero no en el cuerpo físico sino en la masa energética, como a un metro detrás de la espalda. Allí es donde, según los brujos, convergen millones de fibras energéticas del universo, las cuales, por medio de un acto de interpretación, se transforman en la percepción del mundo cotidiano. Los brujos afirman que si el punto de encaje se desplaza a otro sitio distinto al usual, otra serie de filamentos energéticos convergen en él y, por lo tanto, otro mundo se vuelve accesible a nuestra percepción. El punto de encaje se desplaza mediante el ensueño o a través de acciones prácticas. Una vez logrado esto, mantenerlo fijo en su nueva posición es un verdadero arte. Quien no pueda lograrlo no podrá jamás percibir nuevos mundos de una forma inclusiva; los percibirá de forma parcial y caótica. Podríamos decir que la percepción se fija a medida que el punto de encaje se fija, y eso, en esencia, es cuestión de tener suficiente energía.
-Ha hablado de desplazar el punto de encaje mediante acciones prácticas. ¿Qué tipo de acciones?
Por lo general, los acechadores consiguen suficiente energía para dominar el arte del acecho gracias a maniobras de comportamiento, como son las de involucrarse voluntariamente en disonancias cognitivas. Así es, por ejemplo, como enseñaron a acechar a Taisha Abelar. Una de las maniobras de comportamiento que los brujos la hicieron vivir fue la de convertirla en un mendigo. Durante un año, la enviaron a diario, muy sucia y harapienta, a la puerta de las iglesias a mendigar dinero. La tarea de Taisha era transformarse tan completamente en un mendigo que su comportamiento encajara a la perfección con las ideas preconcebidas que la gente tiene de un pordiosero. Taisha no hacía esto como un actor, para quien una representación es cuestión sólo de unos momentos, sino que toda ella era por completo un mendigo. Otro ejemplo de acecho es lo que la compañera de don Juan, doña Florinda, me hizo cuando me mandó a trabajar durante casi dos años como cocinero, una labor que ocupaba cada día todo mi tiempo; y otro ejemplo más de acecho es el descrito por Taisha Abelar en su libro: el que la hicieran vivir durante más de un año subida a unos enormes árboles. El fruto de estas maniobras es que uno se transforma al punto de convertirse en la propia transformación. Eso es acechar.
-¿Recomienda ese tipo de maniobras a aquellos que deseen involucrarse en sus propuestas?
Por supuesto que es una maniobra de brujos muy difícil de realizar bajo las circunstancias del mundo cotidiano. No sé cómo nadie podría guiar a otra persona a acechar sin haber logrado antes el comando del acecho. Me han dicho que existen personas por ahí que aseguran poder enseñar a acechar. Mi opinión es que tal cosa es un engaño muy calculado, y no es justo que personas realmente interesadas caigan en semejante trampa. Entre otras cosas, para acechar es necesario ser impecable con los demás y con uno mismo, a fin de poder verse a sí mismo sin mentiras. Sólo se puede acechar cuando uno llega a un balance de apego y alejamiento del mundo que nos rodea. Mientras no se alcance ese estado, es un absurdo. Quien logre llegar a él, practicaría el acecho, no lo enseñaría, y mucho menos cobraría por enseñarlo. Una vez don Juan hizo un comentario muy apropiado acerca de enseñar sin saber lo que uno enseña: "evita a toda costa la compulsión de ser guerrero de fin de semana. Es muy fácil creer que el esfuerzo de un día es suficiente. No es así. Para salir del mal sitio en que todos nosotros nos encontramos hay que emplear todo el esfuerzo del que uno dispone”.
EL MANDATO BIOLÓGICO DE LA EVOLUCIÓN
-Cuando don Juan hablaba de evolucionar, ¿cuál era para él el significado y la dirección de esa evolución?
En el curso de mi estadía con don Juan llegué a comprender que es vital llegar a la conciencia de que tenemos que cambiar de estado de ser. A este cambio, don Juan lo llamaba evolución. Él sostenía que el orden social enfatiza la reproducción como un mandato biológico, pero que era hora de tomar en cuenta otro mandato biológico: la evolución. Para él, el signo de esta evolución premeditada en un ser humano era llegar a "ver" el flujo de la energía en el universo. "Vernos" a nosotros mismos como campos de energía, como "huevos luminosos", como él decía, significaba que habíamos llegado a cancelar el sistema interpretativo que nos permite ver el mundo solamente como lo vemos. Don Juan se refería a este sistema interpretativo como un sistema de percepción que toma datos sensoriales y los transforma, a través de un acto de intencionalidad, en la percepción del mundo. Tomemos como ejemplo cuando consideramos los datos sensoriales del edificio que aloja a la "banca de valores”. Todo lo que nuestros sentidos captan es la presencia de una estructura arquitectónica que llamamos edificio, lo que en sí ya es una interpretación. Sin embargo, el acto de intencionalidad total que nos lleva a "ver” la "banca de valores" es un acto de pura interpretación, puesto que para "ver” la “banca de valores" tenemos que hacer uso de todo nuestro sentido de civilización. Don Juan afirmaba que para que nuestro sistema interpretativo permaneciera en vigencia, todos nosotros tenemos que involucrarnos en maniobras de percepción cínicas y engañosas, maniobras con las que tenemos que terminar. A menos que dediquemos cada latido del corazón a esta tarea, los chantajeados somos nosotros.
-¿Cuál es entonces la alternativa?
El conocimiento de don Juan es una opción vital para salirse de tales maniobras. Él decía que si uno lo toma como una mentira o invención, una farsa más de las tantas que existen, el perdedor es uno mismo, ya que al tomarlo así uno afirma la validez y la inviolabilidad del sistema interpretativo del mundo cotidiano, y todo ese sistema ya está completo. Lo único que queda entonces para nosotros es en vejecer y entrar en la senilidad. Un gran guru de las drogas de los años sesenta declaró no hace mucho que había descubierto una droga tremendamente casera para andar en las nubes veinticuatro horas al día, y esa droga se llamaba senilidad. Si todo lo que nos espera antes de la muerte es la vejez y la senilidad, el orden social nos mintió al hacernos creer que nuestras opciones en el mundo diario eran múltiples y extraordinarias. La visión de don Juan era alcanzar esa negada multiplicidad de opciones al cancelar el efecto de nuestro sistema interpretativo. Este es el meollo de sus enseñanzas. Quien fuera que se ponga a elucidarlas en un ambiente de aula es un cínico y un farsante, porque no hay manera de hacerlo sin haber antes interiorizado corporalmente el paradigma conceptual de don Juan. Al proponer la idea de la evolución premeditada, que cancelaría nuestro sistema de percepción, el propone una revolución total a la que llama libertad.
Concha Labarta
(publicación con escaneos de las páginas originales de la revista)